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Imprescindible: Perra vida

Hay libros a los que el pasar de los años les va confiriendo una especie de naturaleza histórica, como de «testigo imprescindible» de una determinada época o hecho. Perra vida (2016), libro de memorias surgido de la experiencia vital del autor —quien participó como soldado en la guerra civil de los 80 en Nicaragua— es el testimonio que comienza con un joven estudiante de secundaria común y corriente que repentinamente se ve envuelto (sin escapatoria alguna) en la lógica absurda y deshumanizante de la guerra. La terrible metamorfosis de estudiante a soldado, de ciudadano a «carne de cañón».


Como muchos sabemos, la guerra civil de los 80, ocurrida de manera casi inmediata a la revolución sandinista de 1979, fue una guerra que se desarrolló principalmente en el interior del país, en la llamada «montaña», afectando sólo de forma «indirecta» a los cascos urbanos. No obstante, por medio del Servicio Militar Obligatorio se reclutó, so pena de cárcel a quienes rehusaban ir o desertaban, a un sinnúmero de jóvenes entre diecisiete y veinticinco años que pasaron de llevar una vida como la de cualquiera de nosotros en la ciudad —con rutinas, familia, novia, amigos, escuela o trabajo— a ser establecidos en una base militar donde tras recibir un precario entrenamiento castrense, eran depositados, fusil en mano, en los montañosos caminos de la guerra, un conflicto del que la mayoría se desentendía total o parcialmente.


Pues bien, de todo eso habla este crudo y hermoso libro de memorias. Una obra ágil y sumamente emocionante, tanto que a veces a uno le da la impresión de leer en realidad una novela. Sin embargo, todo lo narrado acá (o al menos la mayoría de ello) es de suponer que sea real. Bastante real.


Uno los principales aciertos que yo veo en este libro —y tiene varios— es que el autor no solo se propone hacer un llano recuento de las experiencias que vivió, en realidad sus páginas están impregnadas de un constante cuestionamiento hacia el discurso oficial de la época. «En ese momento me pregunté qué tenía que ver eso con la mística revolucionaria de la que tanto hablaban los comandantes revolucionarios desde sus monumentales tarimas y sus poéticos libracos» (p. 92).


Porque la intención de Sobalvarro es clara: revisa de manera crítica los dramáticos recuerdos de su juventud para finalmente contraponerse con una ironía rabiosa al «misticismo revolucionario» del sandinismo, para desmitificar una vez más la figura del guerrillero libertador, la cultura predominantemente bélica instaurada por el discurso oficial. (Algo que me hace pensar que este libro debió tener un mayor alcance del que obtuvo allá por 2005, fecha de su publicación original, ya saben, por eso de que los fantasmas de la Historia parecen perseguir a este país.)


A mí entender este libro es lo suficientemente honesto como para trascender con creces la barrera del pasquín (Sobalvarro se cuida muy bien de no cometer ese error), puesto que en realidad nos encontramos ante un libro que es a la vez un grito en favor de la paz —pregonando en cada una de sus páginas la más profunda absurdidad de toda guerra y el desencanto que inevitablemente sucede a toda Gran Revolución— y haciendo todo esto sin dejar de lado la poesía intrínseca de toda experiencia creativa; dicho de otro modo, Perra vida, guarda entre sus páginas grandes destellos reflexivos, momentos de verdadera Literatura (sí, con mayúscula) sobre la experiencia humana:


«Bajé en la Colonia Centroamérica y vi que todos seguían su vida rutinaria, tuve deseos de gritar, había logrado retornar al lugar donde había transcurrido toda mi vida, en un segundo una bala hubiera logrado impedirme ese momento, pero ese segundo no se había dado y todas las balas que habían estado cerca de matarme eran inútiles en ese instante en que las trascendía con la plenitud de mis veinte años». (p. 175)

-César Andrés Zeledón-


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