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Contramemorias (2017), algunas reflexiones en medio del virus

Updated: Jun 24


Hace no mucho, cuando aún iba a la universidad y el virus era solo un murmullo remoto que ocurría en Asia o Europa, yo discutía con mi tutora y mi pareja de trabajo sobre el posible tema de la tesis. En un momento determinado, la profesora se me quedó viendo fijamente y dijo: «Me da curiosidad entender esa obsesión que vos tenés con la guerra, ¿por qué ese interés tan excesivo?». Me sorprendió mucho oír eso, porque en realidad jamás he sido alguien especialmente interesado en armas o estrategias militares. Tras darle un par de vueltas comprendí que yo no era alguien obsesionado particularmente con la guerra como tal, mi interés ‒obsesión‒ era otro; uno invariablemente relacionado a los conflictos bélicos: la historia reciente de Nicaragua. Digamos, desde la revolución en adelante. Otro modo de decir que me interesa conocer más acerca de mi propia historia familiar: sobre mi padre, mi madre y mis abuelos.

Así, motivado por este interés, he ido recogiendo pedazos de Historia ‒y de historias‒ tanto de un lado como del otro. Mi madre, por ejemplo, trabajó como asistente del hogar en la casa de un oficial del ejército, durante la década de los ochenta. Mi abuela, por otro lado, vivió los años más duros de la guerra en el campo, ella padeció ahí la tragedia desde circunstancias geográficas, e incluso ideológicas, muy distintas a las de su hija. Por tanto, las historias que cuentan una y otra son muy diferentes, pese a referirse al mismo hecho.

Lo mismo sucede con mi abuelo, también hombre de campo, que una vez hace algunos años, mientras estaba de visita en mi casa, me dijo con ojos llorosos algunas de las palabras más conmovedoras que he escuchado sobre la guerra de los 80: «Ay, hijito, ¿para qué te voy a hablar de eso? Hay cosas que no se pueden contar, porque no hay palabras para contarlas».

En fin, digo todo esto para dejar en claro por qué poseo esta obsesión por conocer ese pasado tan doloroso que lleva a cuestas este país. En ese sentido, el libro de Irene Agudelo Builes, investigadora del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, me parece sumamente oportuno; no únicamente para conocer los otros puntos de vista de la historia nacional que fueron silenciados, sino para cuestionar algunos de los aspectos de la guerra que generalmente se interpretaron de forma errónea durante esos años y que luego se dieron por hecho. El juego de palabras del título ‒Contramemorias‒ también me parece notable, pues si bien, en primera instancia, hace referencia a uno de los grupos armados que se mantuvo en disputa en la guerra antes mencionada, principalmente expresa un manifiesto claro de que el libro representa una contrapropuesta al discurso hegemónico de aquel entonces.

Se aclara desde la introducción que este es un libro dedicado a explorar la historia de los campesinos y campesinas que participaron en el movimiento armado de la Resistencia o Contra. Y es a ellos a quienes la autora sigue en los cuatro breves capítulos en los que se divide el libro y que menciono acá cómo forma de mostrar el recorrido temático que realiza Agudelo. Capítulo I: Nicaragua, un país de polaridades; Capítulo II: Construir el enemigo; Capítulo III: Mujeres, guerra y territorio; Capítulo IV: Hombres en guerra: Masculinidad normativa en sandinistas y contras.

A mí parecer esta investigación se divide temáticamente en dos ejes que pudiésemos llamar centrales, y que a su vez van subdividiéndose en múltiples categorías. El primero, comprendido por los capítulos I y II, se encarga de analizar la construcción del discurso dominante que concedió sentido a la guerra, en donde se detallan los orígenes particulares del conflicto (en su mayoría invisibilizados o abiertamente ignorados por el discurso oficial de entonces). Agudelo muestra aquí la articulación de la guerra, basada primordialmente en la construcción de un enemigo no real, sino imaginado desde las polaridades que tanto han aquejado a la sociedad nicaragüense a lo largo de su historia y aun actualmente ‒timbucos y calandracas; contras y piricuacos; sapos y golpistas.

(No deja de ser profundamente paradójico que, en un contexto tan complejo como el que vivimos actualmente con la pandemia, un patógeno como este nos recuerde nuestra vulnerabilidad individual y social, y la mismidad que todos poseemos en ella.)

El segundo eje que yo identifico, que me parece aún más revelador en sus reflexiones, es el análisis de la guerra de los ochenta desde las categorías de “género” y “corporalidad”, planteadas por la propia escritora. El Capítulo III profundiza sobre las practicas machistas y misóginas que sufrieron las mujeres, tanto de un bando como del otro, en contextos de guerra, fuertemente violentos hacia la figura femenina y a todo lo tradicionalmente relacionado a ella (femineidad). Algo que, además, señala la autora, es un punto de comunión entre los bandos enfrentados: «sandinistas y contras se encuentran hermanados en cuanto a la visión y uso del cuerpo de la mujer (…) visión patriarcal con la que se ignoraba o desestimaba el quehacer de las mujeres en la guerra» (Agudelo, 2017, p. 68). Pero también documenta la capacidad de agencia, resiliencia y transgresión de muchas mujeres combatientes o involucradas en tareas bélicas, las cuales contradijeron los discursos de guerra de ambos bandos, que intentaron invisibilizar su participación en el combate o reducir sus aportes a tareas de reproducción y asistencia.

Continuando con el análisis de la guerra desde las posiciones de género, asumidas y reproducidas en el campo de batalla, el libro cierra en el último capítulo con el análisis de las “masculinidades normativas” expresadas tanto por miembros del EPS como por los miembros de la autodenominada Resistencia Nicaragüense. Aquí no deja de llamar la atención las distintas semejanzas que tanto contras como sandinistas comparten en su visión de la guerra, de la masculinidad o la patria. A este último respecto se refiere Agudelo al señalar que «hay otro aspecto en común entre los soldados contras y sandinistas: Nicaragua, la patria amada. Para ambos, la patria es una abstracción feminizada y en disputa» (p. 93).

Un aspecto muy destacable de este libro es que, pese a ser un trabajo enmarcado dentro del ámbito de investigación académica ‒algo que me hizo pensarme sobre si escribir esta reseña o no‒, en realidad dista mucho de poseer ese lenguaje rebuscado y hermético, constantemente asociado al mundo de la academia. Es un libro escrito con sencillez, claridad y precisión, sin dejar de lado la rigurosidad intelectual que requiere el tema que aborda. Ese perfecto equilibrio en el estilo de la autora es de alabarse y me parece algo mucho más difícil de conseguir. Lo anterior hace que el libro sea muy accesible al público común ‒en donde me incluyo‒ que no posee estudios especializados en la materia.

Este es un libro mínimo en cuanto a su extensión (apenas 120 páginas) pero muy amplio en cuanto a la mirada que propone. Es por eso que tras leerlo me surgen reflexiones sobre distintos aspectos jamás cuestionados en los discursos de la época ‒y en los actuales. Yo me quedo, además de la valiosa reflexión sobre género que hace el libro (que no deja de tener relevancia en una sociedad que décadas después sigue siendo profundamente machista, homófoba y demás), con las reflexiones de la construcción del Otro como un enemigo diabolizado, una lamentable reproducción de nuestras polaridades políticas que ‒repito‒ hoy un virus nos recuerda que son solo abstracciones imaginarias de discursos de antaño, que siempre han resultado insuficientes para explicar nuestra compleja realidad como social.

Al inicio del acápite titulado Los hombres de La Contra: guerra y ruralidad, se puede encontrar el siguiente testimonio, procedente de otro libro, y con el que me gustaría cerrar: Algunos de los comandantes de la Resistencia y los del EPS comenzaron a darse cuenta de que no se trataba de gringos, ni de soviéticos, sino de nicaragüenses, la misma gente, la misma gente negrita, esa era la gente que andaban las tropas, eso nos fue acercando (Bendaña, 1991, p. 210).

César Andrés Zeledón Referencias utilizadas: Agudelo, I. (2017) Contramemorias. Discursos e imágenes sobre/desde La Contra, Nicaragua 1979-1989. Managua: IHNCA-UCA.



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