© Todos los derechos reservados. Revista Les Escribidores

  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon
  • LesEscribidores

La dos diez a la seis y media

Por Daniela Mendoza


Vivo el transporte urbano en dos dimensiones. En situaciones palpables, concretas, y en vagas cavilaciones. ¿Cuántas historias repetidas existen ya de estas rutas variopintas?, de exóticos colores celeste y naranja, o de un blanco neutro y gastadas. Las horas pico parecen siempre presentes a lo interno de lo que asimila latas de choricitos de Viena, con cuerpos constantes sosteniéndose unos a otros.


 Es ahí donde vivo el primer plano; como aquella vez que observé a un niño frente a mí chupándose ensimismado el dedo pulgar y siendo chineado por una mujer. A mi lado se encontraba un hombre sosteniéndose de la barra de arriba, con gotitas de sudor cayendo lentamente por su brazo, bajando por su codo. Finalmente, las esquivé, y cayeron en la parte de arriba del respaldar en donde se encontraba la mujer. Vi que el niño, curioso, observaba el pequeño lago formado por el sudor, con todas las ganas de tocarlo y luego lamerlo. Decidí rápidamente sacrificarme y poner mi mano en el charquito. En seguida el niño puso su mano encima de la mía y su tibieza me conmovió.


 La satisfacción de este tipo de gestas heroicas no es duradera. Por las ventanas se observan cuerpos rígidos vestidos de negro, con armas, cascos y escudos; artistas malabaristas, danzantes y acróbatas exhibiendo talento paupérrimamente y esquivando autos apurados. Por dentro hay más que laguitos de sudor. Hay bultos viriles rozando sutilmente hombros de mujeres ante algunas miradas indiferentes y otros rostros desfigurados de incomodidad; hay un mosaico de conversaciones crudas de una realidad tajante. Se encuentra una primera dimensión exigiendo pasar a un segundo plano menos calcinante.


 Y ahí es donde vivo la segunda dimensión; en los pensamientos del cómo sería si la cosa fuera así o asá. Si pudiera existir con menos espacios de vida lamentando el hecho de estar. Con menos cansancio de observar, escuchar y sentir. Con la energía de una dos diez a las seis y media, pero sin la violencia; para poner mi mano en todos los charquitos de sudor y permitirme conmoverme al menos un ratito más.

Daniela Mendoza


10 views